Análisis
Desde el primer momento en que te encuentras con la criatura, te percatas que la intención de Troll and I es la de proyectar una emoción especial, similar a lo que The Last Guardian hizo. En esta ocasión juegas como Otto, un joven separado de su madre cunado una explosión estremeció su pequeña villa creando fisuras en la tierra de donde emergieron extrañas criaturas parecidas a goblins.
Físicamente débil y desventajado en número, la única opción de sobrevivencia de Otto recide en el monstruo cuya madre siempre le indicó alejarse. De lejos la premisa es prometedora, ya que tiene los ingredientes para convertirse en una aventura memorable a medida que Otto y el Troll lentamente empiezan a confiar el uno del otro a medida que encaran juntos los armargos de la vida. Desafortunadamente, Troll an I desaprovecha totalmente la premisa gracias a un diseño de juego bastante arcaico, un sin número de problemas técnicos y una historia tan llena de huecos y sin el suficiente trabajo de personajes por lo que al final no te importará si Otto o el Troll regresan a su hogar a salvo.
Desde muchas perspectivas, Troll and I se siente como un jeugo de la generación pasada, e incluso de la generación antes a esa. No solo luce bastante rústico, con texturas realmente borrosas, animaciones pésimas y controles que simplemente no responden bien. He perdido la cuenta del número de veces que tras apretar el botón de atacar Otto se ha quedado inmóvil a la espera del contra ataque de los enemigos.
Y aún así, de imaginar que estos problemas no existieran, el sistema de combate en Troll and I es tan insípedo que de funcionar bien igual sería un completo desastre. Otto posee una sola y simple animación al atacar para todas sus armas, y sin olvidar su inefectiva rodada. Por su parte el Troll tampoco posee movimientos dignos. Sus poderosos ataques de giro y pisotadas usualmente terminan desvaneciéndose sin poder conectar un solo ataque exitoso a sus contrincantes. Y eso que, considerando la torpe IA de los enemigos, los combates terminan siendo, más que todo, una carrera para apretar el mismo botón una y otra vez.
Pero eso no es todo, Troll and I incluye un sistema de fabricación. Materiales obtenidos del ambiente pueden combinarse para crear nuevas armas, pero considerando lo pobre del combate y lo rápido que las armas se rompen, nada vale el esfuerzo. Es más, la única razón por la que parece que este sistema existe es para continuar con la historia, a medida que avanzas encontrarás paredes brillantes que deberás romperlas con una herramienta especial fabricada. En ese sentido, esto no representa un reto ya que los materiales necesarios están siempre convenientemente cerca.
Pero bueno, recordemos que un Troll gigante viaje con nosotros, ¿no podría él romper esas paredes? Estas inconsistencias suelen aparecer repetidas veces. Otto deberá escalar varias cimas a través del juego, saltando siempre a velocidad de perezoso. Una vez que finalmente llegues a la cima, los controles pueden volver a fallarte y no sería sorpresa que Otto termine cayendo y encontrando su muerte en el abismo. Si estás pensando que la cámara puede representar alguna ayuda para esto entonces estás en un error.
Hablando de muerte, podrás ver que en Troll and I vienen de manera mucho más seguida que en Super Meat Boy y no se debe a que se trate de un juego difícil. Si no estás deslizándote de un acantilado estarás pisando una trampa que definitivamente nunca pudiste ver por las borrosas texturas de los gráficos que logran camuflarlas demasiado bien. Si no es eso encontrarás una muerte instantánea de lanzas en el pecho de Otto, provenientes de enemigos que jamás aparecieron ante tus ojos.
Lo que hace a estas muertes mucho peor, no es el tema del ensayo error, sino el tema de los checkpoints. De por sí no hay guardada de partida manual en el juego, por lo que solo podremos confiar en los auto guardados, estos son tan infrecuentes que cada muerte podría costarnos por lo menos una media hora de progreso perdido. Considerando lo fácil que es morir, sin ser necesariamente por culpa tuya, la tensión de encontrar un lugar para grabar puede reflejarse en completa frustración.
Incluso desde un punto de vista completamente técnico el juego es un desastre. Los cuadros por segundo son completamente inestables llegando a caer de manera esrepitosa y disolviendo cualquier chance de seguir jugando. Del mismo modo, el juego parece carecer de audio ambiental por varios momentos, haciendo que los efectos de sonido se escuchen horriblemente artificiales. Por otro lado, cuando el audio decide funcionar, está totalmente desfasado o fuera de secuencia.
El juego podría ser más jugable si por lo menos la narrativa estuviera a la altura de lo que prometía la premisa, pero la relación entre Otto y el Troll está tan cruda como todo el resto del juego. Desde toda perspectiva, no me queda nada más que señalar que este juego es una decepción. No puedo recomendarlo, todo lo contrario, huye de él, lo mismo que le decía su madre a Otto.



