Uno de los mayores misterios para los fans de Remedy finalmente tiene respuesta. Mikael Kasurinen, director creativo de Control Resonant, explicó por qué los icónicos Old Gods of Asgard no forman parte de la banda sonora del juego, rompiendo una tradición que el estudio había mantenido en títulos como Control y Alan Wake 2. Según el desarrollador, la decisión fue completamente intencional y obedeció a las necesidades narrativas de esta nueva entrega.
En una entrevista con VGC, Kasurinen señaló que Control Resonant busca contar una historia mucho más íntima y centrada en Dylan, el nuevo protagonista. Por ello, el equipo prefirió dar prioridad a los momentos emocionales y al desarrollo de los personajes, en lugar de apostar por grandes secuencias musicales como ocurrió con la inolvidable Ashtray Maze de Control o Herald of Darkness en Alan Wake 2.
El creativo explicó que la música sigue siendo importante, pero ahora cumple un papel diferente dentro de la experiencia. En lugar de convertirse en el centro de espectaculares escenas de acción, sirve para reforzar el tono y la atmósfera, dejando que la atención recaiga por completo en el viaje personal de Dylan y en las relaciones con el resto de personajes y antagonistas.
Aunque los Old Gods of Asgard sí aparecen mencionados mediante un póster dentro del juego, ninguna de sus canciones forma parte de la aventura. La banda ficticia, interpretada en la vida real por Poets of the Fall, se ha convertido en uno de los sellos de identidad del universo de Remedy desde Alan Wake, alcanzando su momento más famoso con «Herald of Darkness», cuya interpretación en vivo durante The Game Awards junto a Sam Lake se convirtió en uno de los momentos más recordados del evento.
Pese a esta ausencia, Control Resonant ha sido recibido con enorme entusiasmo por la crítica. VGC le otorgó la máxima puntuación, destacando que la apuesta por un nuevo género, su excepcional dirección artística y un reparto sobresaliente convierten a la secuela en una evolución digna del original. Para Remedy, el cambio de enfoque demuestra que, en esta ocasión, la historia de Dylan debía estar por encima de cualquier espectáculo musical.





