En una industria donde los juegos cooperativos suelen limitarse a ofrecer una experiencia divertida para pasar el rato con amigos, Orbitals demuestra que el trabajo en equipo también puede ser una poderosa herramienta narrativa. Shapefarm toma la esencia de las aventuras cooperativas y la combina con una marcada inspiración en el anime de los años 80 para crear una experiencia que no solo pone a prueba la comunicación entre dos jugadores, sino también su paciencia, creatividad y capacidad para resolver problemas juntos.
Desde sus primeros minutos queda claro que Orbitals quiere contar una historia diferente. Los protagonistas, Maki y Omura, son dos jóvenes que, tras un misterioso incidente y un inesperado salto temporal, emprenden un viaje espacial con el objetivo de recuperar una tecnología capaz de salvar a la tripulación de su nave. La premisa despierta inmediatamente la curiosidad y consigue transmitir la sensación de estar iniciando una gran aventura de ciencia ficción.
Eso sí, la narrativa tarda un poco en encontrar su ritmo. Durante las primeras horas es fácil anticipar algunos de sus giros más emocionales, y el propio diseño cooperativo hace que muchas veces la atención esté puesta en resolver acertijos o coordinar acciones con el compañero antes que en seguir cada detalle del argumento. Aun así, conforme avanzan los capítulos, la historia empieza a conectar mejor todas sus piezas.
A partir del sexto capítulo, el universo del juego comienza a expandirse de manera mucho más interesante. Se revelan detalles importantes sobre el mundo, las reglas que lo gobiernan y las decisiones tomadas por sus personajes. Sin embargo, también deja la sensación de que habría sido interesante profundizar mucho más en su lore, ya que varias explicaciones llegan demasiado rápido o sin el contexto suficiente.




Pero si la historia convence, el verdadero protagonista de Orbitals es su jugabilidad. Este no es un título que pueda disfrutarse plenamente en solitario. Todo su diseño gira alrededor de dos jugadores colaborando constantemente, compartiendo información y aprendiendo juntos cómo funciona cada mecánica. Es una experiencia pensada para ser vivida en pareja desde el primer minuto.
Visualmente, el juego posee un encanto enorme. Su dirección artística recuerda constantemente a las películas clásicas de Studio Ghibli y al anime de los años 80, con escenarios llenos de color, criaturas extrañas y pequeños detalles que invitan a detenerse simplemente para observar el entorno. Es uno de esos mundos donde explorar resulta tan satisfactorio como completar los objetivos principales.
El juego entiende perfectamente que la exploración también forma parte de la aventura. En la nave principal y en cada uno de los escenarios existen conversaciones opcionales, máquinas con las que interactuar y curiosidades que muchas veces no ofrecen una recompensa tangible, pero sí enriquecen la inmersión y hacen que el universo se sienta mucho más vivo.
Naturalmente, los rompecabezas ocupan el centro de toda la experiencia. Cada uno exige comunicación constante entre ambos jugadores, especialmente cuando los personajes quedan separados por distintas zonas del escenario. Gracias a la pantalla dividida permanente, siempre es posible observar lo que está haciendo el compañero, aunque eso no significa que podamos resolver el problema por él.
Y precisamente ahí reside una de las mayores virtudes de Orbitals. El juego obliga a explicar ideas, escuchar al otro jugador y construir soluciones en conjunto. Incluso cuando uno descubre la respuesta antes, necesita que la otra persona comprenda el procedimiento para poder avanzar. Aquí no existe un protagonista ni un acompañante; ambos son igual de importantes.



Cada personaje cuenta con herramientas diferentes, y prácticamente todos los desafíos están diseñados para combinar las habilidades de ambos. Esto evita que alguno de los jugadores sienta que simplemente está siguiendo instrucciones y consigue que cada solución dependa verdaderamente del trabajo en equipo.
Los acertijos destacan además por su enorme variedad. En lugar de seguir una progresión tradicional donde la dificultad aumenta de forma lineal, Orbitals introduce nuevas mecánicas constantemente y luego las reutiliza de maneras completamente distintas más adelante. Esto obliga al jugador a entender realmente cómo funcionan sus herramientas y no simplemente memorizar soluciones anteriores. Otro aspecto muy positivo es que el juego recompensa la experimentación. Muchas veces la respuesta no está frente a nuestros ojos y es necesario observar cuidadosamente el escenario, probar distintas posibilidades y equivocarse varias veces antes de encontrar el camino correcto. Esa sensación de descubrimiento hace que cada rompecabezas resulte especialmente satisfactorio.
Afortunadamente, Orbitals nunca cae en la frustración gratuita. Aunque algunos desafíos pueden tomar varios minutos, el diseño suele ofrecer suficientes pistas visuales para orientar al jugador sin revelar directamente la solución. La curva de aprendizaje se siente muy natural y mantiene el interés durante toda la aventura.
Donde sí aparecen algunos problemas es en la exploración. En determinados momentos, avanzar hacia una nueva zona bloquea el acceso a áreas anteriores sin previo aviso. Esto puede provocar que el jugador pierda conversaciones, minijuegos o secretos simplemente por avanzar siguiendo el camino principal.



También existen ciertas situaciones donde separarse demasiado del compañero puede generar pequeños inconvenientes para continuar progresando. No son errores que rompan la experiencia, pero sí decisiones de diseño que contrastan con un juego que constantemente invita al jugador a explorar cada rincón del escenario.
A pesar de ello, resulta difícil dejar de jugar. Siempre existe la curiosidad por descubrir qué habrá detrás de la siguiente puerta, qué nueva mecánica aparecerá o cómo el juego volverá a sorprender con un rompecabezas completamente diferente al anterior. Esa capacidad para mantener viva la sensación de descubrimiento es una de sus mayores fortalezas.
En definitiva, Orbitals es mucho más que un excelente juego cooperativo. Es una aventura que entiende que resolver un rompecabezas puede ser tan emocionante como compartir una conversación con la persona que juega a nuestro lado. Su historia podría desarrollar mejor algunos aspectos de su universo y ciertas restricciones en la exploración resultan innecesarias, pero la calidad de sus acertijos, la belleza de su mundo y la manera en que convierte la comunicación en la mecánica principal hacen de esta una de las experiencias cooperativas más memorables disponibles en Nintendo Switch 2.

Esta review fue escrita luego de jugar una copia digital de Orbitals brindada por Kepler Interactive para Nintendo Switch 2.
PUNTOS BUENOS
Los rompecabezas son extremadamente creativos y variados, obligando a ambos jugadores a comunicarse, experimentar y pensar constantemente fuera de lo convencional. La cooperación está perfectamente integrada en el diseño, haciendo que ambos personajes sean igual de importantes y evitando que uno se sienta como un simple acompañante. Su dirección artística, inspirada en el anime clásico y con un fuerte aire a Studio Ghibli, crea un mundo encantador que invita a explorar cada rincón. La exploración y el sentido del descubrimiento hacen que la aventura sea constantemente gratificante, con escenarios llenos de detalles, interacciones opcionales y sorpresas.PUNTOS MALOS
La historia deja varios conceptos y elementos de su universo poco desarrollados, lo que hace que algunas revelaciones pierdan impacto. El diseño de la exploración puede resultar frustrante, ya que ciertas zonas quedan bloqueadas sin previo aviso, impidiendo regresar para descubrir contenido opcional.CONCLUSIÓN
Orbitals convierte la comunicación y el trabajo en equipo en el corazón de una de las aventuras cooperativas más inteligentes, encantadoras y creativas que ha recibido Nintendo Switch 2.