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Insomniac Games vuelve a demostrar que entiende como pocos a los héroes de Marvel con Marvel’s Wolverine, una aventura mucho más oscura, violenta y personal que la saga Spider-Man. En lugar de contar nuevamente los orígenes de Logan, el estudio apuesta por una historia original centrada en sus traumas, su relación con Team X y la persecución contra los mutantes. Aunque los villanos cumplen su papel, el verdadero peso de la narrativa recae en el desarrollo de sus personajes y en una interpretación de Wolverine que logra mostrar tanto su lado más salvaje como el más humano.

Donde el juego realmente sobresale es en su sistema de combate. Controlar a Wolverine es tan brutal como satisfactorio, gracias a un ritmo frenético, ejecuciones sangrientas y un sistema de Rage que recompensa la agresividad constante, convirtiendo cada enfrentamiento en un espectáculo de violencia perfectamente acorde con el personaje. A nivel audiovisual, Insomniac vuelve a firmar un trabajo sobresaliente, con escenarios muy detallados, grandes actuaciones, un excelente uso del DualSense y una producción digna de una superproducción cinematográfica.

Sin embargo, el mayor problema del juego es que termina confiando demasiado en la calidad de su propio combate. Gran parte de la campaña repite la misma estructura de avanzar, entrar a una habitación, derrotar enemigos y continuar al siguiente escenario para hacer exactamente lo mismo. Aunque existen secciones de sigilo, nunca resultan tan divertidas como lanzarse directamente al combate, por lo que la experiencia acaba cayendo en una rutina que termina pasando factura conforme avanzan las horas.

Esta repetición se hace aún más evidente al compararlo con Marvel’s Spider-Man, donde el mundo abierto ofrecía misiones secundarias, coleccionables y actividades que ayudaban a refrescar constantemente el ritmo. En Wolverine, la estructura lineal hace que el combate cargue prácticamente con toda la experiencia, mientras que otros elementos como los coleccionables, materiales de fabricación o desafíos opcionales se sienten más como contenido añadido por obligación que como mecánicas realmente necesarias. A esto se suma una limitada variedad de enemigos y algunos jefes excesivamente largos, que terminan acentuando la sensación de monotonía.

Marvel’s Wolverine sigue siendo un muy buen juego de acción y una de las mejores adaptaciones del personaje en los videojuegos, con un combate sobresaliente, una historia convincente y un apartado técnico impecable. Sin embargo, la falta de innovación y un diseño de niveles demasiado repetitivo impiden que alcance la excelencia que muchos esperaban de Insomniac Games, convirtiéndolo en una aventura muy recomendable, pero un escalón por debajo de los mejores trabajos del estudio.

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Johann Aldazábal

Director Editorial | Analista de la industria de los videojuegos y el entretenimiento | Psicólogo Clínico | Músico amateur, geek, cinéfilo.