Análisis

En lo que llevo de vida me queda claro que no he visto ningún juego de Zelda que se parezca entre sí. Es decir, en uno de ellos la luna amenaza con destruir por completo el mundo, en otro de los juegos el Wind Fish sueña con desaparecer toda una isla; y en uno más trenes hechizados entrecruzan toda la tierra. Y eso que no hemos discutido lo de verse transformado en lobos o utilizar aves para transportarse de una tierra a otra. Como fuere, me queda claro que Breath of the Wild no sigue ninguna de las fórmulas establecidas por los juegos anteriores, y aún así prueba llevar consigo la mejor expresión que jamás hayamos visto del juego.

A diferencia de los juegos más recientes de Zelda, Breath of the Wild no se preocupará por llevarte de la mano mientras descubres la mayor cantidad de sus detalles. No hay tutoriales largos ni cinemáticas iniciales que te expliquen qué es lo que está sucediendo. En realidad el juego inicia cuando Link se despierta en la cueva mientras recoge la tableta llamada Sheikah, con lo cual decide emerger al vasto mundo que lo espera.

En ese instante eres tú solo contra el mundo, el cual está abierto a ser explorado para ir a donde quieras y hacer cuanto desees. La nueva medición de stamina de Link te permitirá escalar casi toda superficie en el juego (a menos que esté lloviendo claro), en ese sentido, no exagero al decir que podrás ir y explorar por casi todos los lugares que encuentres en tu recorrido. Todo.

Si bien es cierto hemos recalcado que no existe ningún tutorial en este juego, la primera zona de exploración, antes de descender a los inmensos prados de Hyrule, te servirá para ir midiendo tus propias habilidades. No solo las de exploración, sino también en el uso de armas, detectando enemigos, recolectando recursos y, por sobretodo, descubriendo y liberando los distintos santuarios que están dentro del juego.

En un inicio encontrarás muy pocos en el área inicial, pero luego podrás ver que hay más de 100 de ellos desperdigados por todo el mapa. Cada uno de ellos representa un reto bastante particular. Algunos son de tamaños de pequeños calabozos que cuentan con uno o dos puzzles para resolver; otros representan acertijos o combates en contra de guardianes; mientras que algunos están tan escondidos o son tan difíciles de llegar que el solo hecho de encontrarlos será suficiente para resolver y liberarlos.

Completar cada santuario le otorgará a Link un Orbe del Valor, y al juntar 4 de ellos podrás intercambiarlo por un corazón extra de vida o un pedazo extra para tu rueda de stamina. Cabe resaltar que los primeros santuarios también desbloquearán algo muy importante, las habilidades de la tableta Sheikah. Bombas remotas en formas circulares o cuadradas para detonarlas en momentos precisos; Magnesis que permite a Link manipular distintos objetos y trasladarlos a voluntad; Stasis permitirá congelar en el tiempo cualquier elemento y la Cryonis con la cual podremos crear pilares de hielo sobre superficies de agua.

Lo interesante aquí, es que a diferencia de juegos anteriores, todas tus habilidades e itemes estarán a tu disposición prácticamente desde el inicio de la aventura. En ese sentido el juego te permite tener toda la capacidad posible de conquistar Hyrule y de acceder a todas las zonas del mapa, eso sí, ya dependerá de tu habilidad para saber como enfrentarte a las zonas más peligrosas llenas de enemigos fuertes o lo incesante y despiadado del clima.

Una vez completados los primeros pasos con los santuarios de la zona inicial se te otorgará un equipo para parapente con lo cual podrás descender a los territorios antes inaccesibles. La idea de surcar los cielos con la finalidad de contribuir a la exploración es genial, que no solo te ahorra tiempo en el traslado sino que también funciona a manera de siempre buscar la forma más eficiente para descubrir nuevas zonas.

Y de esas no faltarán ya que el mapa está tan bien distribuido que se volverá bastante adictivo intentar saber qué es lo que encontraremos en cada esquina que recorramos. Es ese sentido, como un juego de mundo abierto, Breath of The Wild cumple a cabalidad con nuestros deseos de adentrarnos más en Hyrule. En ese sentido no te preocupes si antes de proseguir con tu misión principal quieras desviarte para encontrar un santuario más, escalar una montaña adicional, o divisar animales silvestres que te puedan servir para recuperar tus corazones de vida.

El mundo en sí se siente más que vivo y tendremos que adaptarnos constantemente a él. A diferencias de sus versiones pasadas, las rupias o los corazones no aparecerán al destruir jarrones o cortar el cesped de la zona. En lugar de eso lo que deberemos hacer es cazar, levantar rocas para encontrar otras criaturas, atrapar peces, recolectar frutas, hongos y otras hierbas para cocinar o vender. Al encender un fuego para tu hoguera o encontrar una estación de cocina podrás seleccionar algunos ingredientes para crear diversos platos y recetas. Esto es algo totalmente libre y dependiendo de los materiales que utilices obtendrás platos específicos.

Sin lugar a dudas esto, al igual que el sigilo, es algo que le provee a BOTW de nuevos elementos a tomar en cuenta, como la inclusión de estrategias bien pensadas para poner las situaciones en favor de Link. Sobretodo ahora, que el clima también se ha vuelto un elemento que puede jugar en nuestra contra. Con esa idea en mente es preciso tener muy bien identificado la forma en que te afectará el clima en Hyrule.

El tipo de calor es muy distinto en el desierto del que encontraremos cerca a la lava en la Montaña de la Muerte. Aventúrate a acercarte un poco más y tus armas de madera no demorarán en prenderse en llamas. Por otro lado lado, salta a un lago congelado y morirás mucho antes de tener la oportunidad de nadar hasta el otro extremo de la orilla. Si usas mucho metal en una tormenta eléctrica, es más que probable que un devastador rayo te caiga y reviente contigo. El clima no perdona así que tenerlo a nuestra ventaja nos podrá hacer las cosas algo más sencillas.

Como parte de este mundo que respira tenemos a los pobladores reunidos en pequeñas villas, establos y una que otra banda rebelde. Link será capaz de interactuar con ellos en busca de intercambiar ingredientes, comprar recursos, usar los establos y adquirir nuevos ropajes. El nivel de customización es mucho más importante que en títulos anteriores, el poder intercambiar entre distintos gorros, camisas y pantalones para adquirir beneficios distintos (mayor velocidad, resistencia, ver la vitalidad de los enemigos, incremento de sigilo), incluso teñir de diferentes colores las numerosas indumentarias.

En ese sentido el nivel de personalización es algo a tomar en cuenta, ya que eso también rompe el molde de ver constantemente a Link con su usual ropaje verde de héroe. Es como si los desarrolladores han intentado romper cada molde base sobre la cual se han construido los juegos previos.

De la misma manera, las armas toman un especial protagonismo en Breath of the Wild, estas son extremadamente variables en cuanto a formas, mágicas, de rango, pesadas y algunas más livianas. Fácilmente puedes robar las armas de tus atacantes y usarlas como si fueran tuyas. No obstante, es aquí donde entra una de mis quejas referentes al juego, y se trata de lo fácil que se rompen luego de usarlas un par de veces. Se entiende que la idea es la de tratar de utilizar la mayor cantidad de armas, y con ese fin es lógico que ninguna dure mucho tiempo. Sin embargo, es algo frustrante que estas se destruyan luego de eliminar a dos monstruos seguidos. Esto conlleva a que usualmente lo principal no sea lo habilidoso que seamos al enfrentarnos a los enemigos, sino lo durables y poderosas que sean tus armas.

Por otro lado, esto definitivamente fuerza a los jugadores a elaborar estrategias al momento de la batalla ya que la creatividad va de la mano con Breath of the Wild. Puedes encontrar más de una manera de ingresar en un campamento enemigo y reducirlos utilizando las habilidades de tu tableta Sheika, ingresando de manera sigilosa, eliminando a los vigías en primer lugar o arrasando contra todos. Esta libertad me llegó a recordar en muchos aspectos a la libertad que te brinda Metal Gear Solid V al momento de querer infiltrarte en las bases enemigas, pero evidentemente en diferentes escalas. En conjunto, podría estar de acuerdo en que este es uno de los Zeldas más complejos de los últimos años ya que su nivel de dificultad es algo para tomar en cuenta.

Algo que definitivamente no debería pasar desapercibido son las caídas de algunos frames por momentos. En mi experiencia, afortunadamente, esos momentos no fueron muchos ni muy prolongados. Más que todo ocurrían de acuerdo al número de enemigos y el volumen de ellos. Solo que lo curioso es que esto jamás me ocurrió cuando utilizaba la Switch en modo TV, sino en su formato portátil. En fin, no fue tan grave como para malograrme la experiencia, pero sí sería bueno tomar ciertas medidas al respecto.

Otro aspecto que me dejó asombrado son las actuaciones de voz. Usualmente yo elijo escuchar las producciones en su idioma original. No obstante, en la última década el rubro de videojuegos ha ido creciendo bastante, dándole un mayor peso e importancia al doblaje. A raíz de los trailers en español latino previos al lanzamiento del juego, me decidí a jugarlo por completo en ese audio y no he podido quedar más a gusto.

Del mismo modo, no puedo cerrar este análisis sin tomar en cuenta la historia, la cual es narrada a manera de flashbacks de forma bastante particular, ya que todo está supeditado a la exploración que hagas. En ese sentido tú puedes elegir ignorar la búsqueda de cada fragmento de la historia y continuar con el juego si así lo deseas. Lo asombroso acá es precisamente eso, la elección.

Así también, otros elementos importantes de la saga como el Escudo Hyliano o la Espada Maestra, aquella que doblega el mal…pueden ser encontrados en el mapa, o también podrías acabar todo el juego sin haber tenido la oportunidad de recuperar las armas legendarias. Pero la idea de saber que están ahí es suficiente para otorgarle una mística especial al juego.

En conclusión, en un inicio comentaba que probablemente The Legend of Zelda: Breath of the Wild pueda ser la mejor expresión de la esencia de la franquicia, ya que en esta ocasión no hay necesariamente nadie guiándonos a través de los calabozos o las praderas. Somos nosotros solos con nuestras ganas de consumir aventura, riesgos y con un propósito bastante claro, salvar a Hyrule.