Basada en la novela de 2021 de Andy Weir, y con Drew Goddard adaptando nuevamente su estilo cargado de ciencia —como ya hizo en The Martian—, la historia arranca con Ryan Gosling interpretando al Dr. Ryland Grace, quien despierta en una nave espacial sin saber quién es ni cómo llegó ahí. Está desorientado, medio consciente y completamente solo, mientras sus recuerdos, borrados por el hipersueño, comienzan a reconstruirse poco a poco a través de flashbacks que también van revelando lo que está en juego en esta desesperada misión.
La película toma mucho de la estructura de The Martian, sobre todo ese enfoque en resolver problemas bajo presión y avanzar paso a paso con cada descubrimiento. Pero, a diferencia del personaje de Matt Damon, que desde el inicio transmitía control y seguridad, el Grace de Gosling es más torpe, inseguro y socialmente incómodo. Aun así, su carisma sostiene todo, y Lord y Miller aprovechan ese particular estilo para darle frescura a situaciones que podrían sentirse repetitivas.
La ciencia sigue siendo densa, muy en la línea de Weir. La amenaza principal es una entidad microscópica llamada “astrophage” o “devoradora de estrellas”, que está apagando el Sol y empujando a la humanidad hacia la extinción. Al mismo tiempo, esta sustancia también podría ser la clave para salvarlos, ya que funciona como una fuente de energía extremadamente potente. La película logra traducir estas ideas complejas en algo más tangible mediante experimentos visuales, aunque a veces simplifica conceptos para hacerlos más digeribles o incluso sacar momentos de humor. Hay ecos de Interstellar en su tono apocalíptico y de Arrival en el enfoque del primer contacto, pero Project Hail Mary evita la solemnidad pesada y apuesta por una mirada más cercana y humana, centrada en un profesor de ciencias algo torpe que enfrenta el fin del mundo con una mezcla de pánico, resignación y ganas de seguir adelante.

Gosling entiende perfectamente ese tono. Su personaje no es un héroe clásico, sino alguien que avanza a base de decisiones pequeñas, muchas veces a regañadientes, que poco a poco terminan construyendo algo parecido al valor. Su torpeza, incomodidad social y bondad genuina están interpretadas con una sinceridad que conecta, mientras su estilo refuerza ese aire de ser alguien común y corriente. A medida que avanza la historia, pasa de sentirse completamente perdido a ganar seguridad, y en ese proceso se convierte en una versión mucho más sana y entrañable del típico arquetipo.
Cuando finalmente llega a su destino, recuerda que en realidad no fue elegido para la misión, sino empujado a asumirla como reemplazo de último minuto en un viaje sin retorno. Su objetivo: descubrir por qué ese sistema solar ha logrado evitar la catástrofe que está acabando con la Tierra. La soledad de esa situación cambia de golpe cuando detecta otra nave en órbita. Lo que sigue es casi un coqueteo espacial: ambas naves se acercan con cautela, orbitan, dudan… hasta que finalmente establecen contacto. Ese “apretón de manos” toma forma como un túnel alienígena impreso en 3D, separado por una pared transparente que permite el primer encuentro cara a cara con Rocky, una criatura de cinco extremidades hecha de placas minerales.
El primer contacto arranca con cierta tensión antes de encontrar su ritmo. Ambos se mueven con torpeza, se imitan sin mucha seguridad y evitan mirarse directamente, en una escena que incluso hace un guiño al icónico motivo musical de John Williams en Close Encounters. A partir de ahí, la película se mete de lleno en el proceso de entenderse, y es donde realmente despega: Rocky empieza a imprimir modelos en 3D para explicar ideas, como si el lenguaje se convirtiera en piezas de Lego, mientras Grace arma un sistema de traducción asociando sonidos con significados. Al inicio todo es caótico, pero poco a poco encajan gracias a prueba y error. Es una de las partes más inteligentes porque muestra la comunicación como algo que se construye, no como un truco fácil de película.



Después, la historia se transforma en un trabajo en equipo que conecta directamente con la misión principal. Grace y Rocky, ahora compañeros, se embarcan en una especie de viaje interestelar para descubrir por qué Tau Ceti ha resistido la infección de astrophage que está consumiendo estrellas en otros sistemas. Su relación crece a partir de ese esfuerzo compartido, resolviendo problemas sobre la marcha. Lo interesante es que ambos piensan de forma muy similar: abordan todo de manera literal, casi mecánica, reduciendo la comunicación a instrucciones, respuestas y comprobaciones. De ahí nace una conexión inesperadamente tierna.
En lo visual, Greig Fraser vuelve a demostrar su talento al hacer que la escala se sienta tangible en lugar de abstracta, sacándole todo el provecho al formato IMAX. El espacio realmente se percibe inmenso, mientras el cuerpo humano siempre parece pequeño frente a él, aunque a veces abusa un poco de esos planos inclinados que pueden marear. Aun así, las grandes ideas visuales funcionan: desde la inquietante línea de Petrova hasta el comportamiento casi orgánico del astrophage, pasando por la belleza extraña y hostil de Tau Ceti y sus planetas. Todo está respaldado por un diseño que apuesta por efectos prácticos. La música de Daniel Pemberton acompaña muy bien ese tono dual, moviéndose entre lo épico y lo juguetón sin desentonar.
Eso sí, hacia el final se siente un poco el peso de la duración, como si la película dudara en aterrizar del todo. Además, el guion no busca ir mucho más allá de lo que se espera de un blockbuster bien hecho. Pero curiosamente, eso juega a su favor: no pretende ser más profunda de lo que es, y se enfoca en el proceso de resolver problemas más que en aparentar grandeza.

Project Hail Mary es una rara avis dentro de la ciencia ficción de gran escala porque apuesta por el optimismo sin cinismo. En un momento donde muchas historias apocalípticas reflejan lo peor de nosotros, esta propone algo más amable y persistente. Y quizá basta con esa imagen de Ryan Gosling, con sus lentes algo gastados y esa sonrisa medio torpe pero insistente, caminando por una costa alienígena junto a su mejor amigo extraterrestre, a años luz de casa, para recordar que vale la pena seguir adelante.
Project Hail Mary se encuentra actualmente en cartelera.

PUNTOS BUENOS
La relación entre Grace y Rocky es fresca, divertida y emocionalmente genuina, con una dinámica basada en cooperación y aprendizaje mutuo. La forma en que la película aborda la ciencia y la comunicación mientras convierte conceptos complejos en algo visual y entendible sin perder del todo su esencia. El tono optimista y humano se destaca dentro del género por alejarse del cinismo típico y apostar por una historia más cálida y esperanzadora.PUNTOS MALOS
El ritmo hacia el final: la película se alarga más de lo necesario y le cuesta cerrar con contundencia.CONCLUSIÓN
Project Hail Mary es un sci-fi entretenido y optimista que brilla en su humanidad y dinámica de personajes, aunque podría alargarse más de la cuenta al final.