Las películas Prey y Predator: Killer of Killers, ambas dirigidas por Dan Trachtenberg, han revitalizado la franquicia Depredador al ofrecer enfoques narrativos frescos. A diferencia de entregas anteriores como The Predator (2018), que se enredó en referencias y anticipos innecesarios, las propuestas de Trachtenberg han optado por ambientaciones históricas únicas, aportando nuevas dimensiones al universo de los Depredadores sin necesidad de copiar la fórmula original.
Killer of Killers, a pesar de ser una cinta de acción animada y autoconclusiva, introduce una sorprendente revelación al final que reestructura toda la franquicia. Su desenlace da una explicación coherente para que los eventos y personajes de todas las películas previas puedan coexistir en una misma línea narrativa. Así, logra lo que otras entregas intentaron sin éxito: ofrecer una continuidad significativa dentro del caos temporal de la saga.
En la parte final del filme, se revela que los protagonistas de las distintas historias de la antología —Ursa, Kenji y Torres— han sido capturados y puestos en animación suspendida tras matar a un Depredador. Luego son descongelados y obligados a pelear entre ellos en un planeta controlado por estos alienígenas. El trío logra trabajar en equipo para escapar, aunque Ursa se sacrifica en el proceso, quedando de nuevo bajo el control de los Depredadores.
Mientras Ursa es llevada de vuelta a criogenia, se muestra una sala llena de otras criaturas congeladas. Entre ellas se encuentra Naru, protagonista de Prey, lo que confirma que todos los humanos que hayan matado a un Depredador son capturados como trofeos para estos brutales torneos galácticos. Este descubrimiento da un nuevo giro a la historia y redefine el destino de varios personajes icónicos de la saga.
Este nuevo planteamiento sugiere que otros protagonistas, como los interpretados por Schwarzenegger o Danny Glover, también podrían estar congelados en esta instalación. Esto permitiría a la franquicia unir cronologías dispares y preparar el camino para un gran cruce de personajes. Además, agrega un matiz trágico a las películas anteriores: sus héroes no ganaron la libertad, solo avanzaron al siguiente nivel de una competencia macabra.

El torneo también podría contextualizar mejor otras películas como Predators y la futura Predator: Badlands, al revelar que los Depredadores llevan tiempo observando y seleccionando humanos para sus combates. Incluso The Predator (2018), que fue duramente criticada, encajaría en este esquema, al mostrar una posible rebelión interna de los Yautja ante el sistema violento que han construido.
Finalmente, Killer of Killers destaca por no caer en el error de sobreexplicar su conexión con otras entregas. Es una historia autosuficiente que, sin perder su ritmo ni enfoque, ofrece una narrativa más rica y cohesionada. En un momento donde muchas franquicias fracasan por su obsesión con los multiversos, el trabajo de Trachtenberg sobresale al equilibrar continuidad, originalidad y entretenimiento.





