Pokémon Escarlata & Violeta

La nueva generación de Pokémon ha llegado con el lanzamiento de Pokémon Escarlata & Violeta. A diferencia de la naturaleza de Legends: Arceus, este lanzamiento doble marca la entrega principal de este año en la mayor franquicia de juegos del mundo. Y bueno, aunque la nostalgia de atrapar a todos los Pokémon y formar tu equipo sigue siendo un golpe de dopamina, el juego también se tambalea en sus propias ambiciones, ya que la franquicia se convierte en una experiencia de mundo abierto con mecánicas semi tradicionales de captura y combate, que funcionan con lentitud en el viejo hardware de Nintendo.
Adoptando el estilo tradicional de Nintendo para contar historias, Pokémon Escarlata & Violeta comienza con diálogos bastante pesados junto a tutoriales que no podemos dejar de lado. En ese sentido, siento que es un juego potencialmente bueno para los recién llegados y el público más joven, pero no necesariamente para los que hemos crecido con la franquicia desde sus inicios.
A diferencia de los títulos anteriores, los jugadores no nos encontraremos inmediatamente con la tarea de salvar el mundo, lo cual me parece un cambio bastante interesante. En su lugar, la trama gira en gran medida en torno a una academia, a las personas que conoces por el camino y a un Pokémon todoterreno que te acompañará en tus viajes.
Pokémon Escarlata & Violeta es el típico juego de caza de monstruos por turnos, aunque con un toque de mundo abierto. Tomando las enseñanzas de Arceus: Legends y Sword & Shield, el juego es un mundo conectado con la posibilidad de explorar en cualquier dirección y cumplir diferentes objetivos. En ese sentido, los Pokémon se encuentran al aire libre en lugar de encuentros aleatorios, una decisión muy alabada que se implementó por primera vez con Let’s Go: Pikachu & Eevee. De nuevo, funciona a las mil maravillas, facilitando una experiencia menos aleatoria y menos frustrante que da más capacidad de decisión al jugador y a las batallas que quiere librar.

La única salvedad es que algunos Pokémon son increíblemente pequeños. Esto tiene sentido dentro de la historia de Pokémon, pero en la práctica, decantarán en varias batallas accidentales y que haya que entrecerrar los ojos en la pequeña pantalla de la consola mientras intentamos descifrar qué Pokémon es. En su mayor parte, no es un gran problema, pero es algo que hay que tener en cuenta, sobre todo para los que tienen problemas de visión.
La región de Paldea está repleta de pueblos de inspiración europea que se entrelazan orgánicamente entre verdes pastos, lagos y cordilleras. Es una trayectoria estupenda para la franquicia, que permite que la exploración se sienta natural y emocionante. Este mundo sin fisuras, así como la funcionalidad cooperativa del juego, son realmente los dos grandes puntos de referencia para esta generación.
En ese sentido, es bueno tener ese nivel de libertad y resulta bastante inmersivo vagar sin pantallas de carga. Sin embargo, todos los elogios vienen acompañados de su propia advertencia, y en el caso del diseño del mundo, lamentablemente el entorno carece de detalles y creatividad. No sé si es una falta de potencia técnica o de imaginación, pero sí se siente relativamente estéril por momentos.








A medida que el juego avanza, tendrás acceso a una vehículo/compañero Pokémon que forma parte de la historia y del sistema de desplazamiento del juego, pero que convenientemente no es un miembro activo de tu grupo de combate.
En determinados momentos, ese Pokémon podrá correr a mayor velocidad, flotar en el agua e incluso planear por el aire. El nivel de libertad aquí que es bastante sorprendente para la franquicia, algo que pudimos probar por primera vez en Legends: Arceus, y que ahora ha vuelto. Deslizarse por los tejados de las casas, por ejemplo, muestra un nivel de libertad de movimiento que resulta muy extraño, pero que es genial que podamos hacerlo. El inconveniente es que tu vehículo/amigo se asocia a menudo con algunos de los bugs más evidentes del juego. Es casi como si Game Freak hubiera decidido renunciar a la pulcritud en favor de la inventiva, como si esa fuera la única opción.
No caben duda de que los bugs en Pokémon Escarlata & Violeta son innegablemente divertidos, aunque en realidad el juego no me pareció tan nefasto como lo que algunas compilaciones de YouTube pueden hacer creer. Los bugs ocasionales están bien, pero lo que me parece en gran medida inaceptable es el rendimiento escandalosamente pobre. Pokémon Escarlata & Violeta no es lo suficientemente impresionante desde el punto de vista gráfico o técnico como para justificar unas deficiencias de rendimiento tan evidentes. La falta de detalles en el entorno es decepcionante, la escasa calidad de las texturas es triste, la diminuta distancia de dibujado es motivo de burla y los problemas de velocidad de fotogramas son patéticamente evidentes. Básicamente es un juego que exige constantemente que no se preste atención a sus contratiempos visuales.
Estos problemas también tienen implicaciones en la jugabilidad. Por ejemplo, podrías meterte en un callejón sin salida, sin saber si existe alguna razón de peso, puesto que los Pokémon demoran en cargarse. Me ha pasado que me he quedado atrapado, felizmente la solución fue volar hacia otra zona. Pero, ¿qué habría pasado si eso me hubiese sucedido en un lugar donde el vuelo estaba restringido? Un juego de mundo abierto brillante te permite observar el entorno y pone en manos del jugador el poder de ir en la dirección que le parezca prometedora. Un juego de mundo abierto terrible ni siquiera te permite ver esas características, lo que elimina cualquier capacidad de decisión. Adivina en qué campo cae Pokémon Escarlata & Violeta.











En esta nueva generación se presentan, por supuesto, una nueva oleada de adorables Pokémon. Es difícil negar que Pokémon es capaz de formar un elenco atractivo, a pesar de que el diseño de las evoluciones de los starters no me parecieron las mejores. Y a pesar de todas las críticas que se pueden hacer a Pokémon Escarlata y Violeta, es difícil negar que hay una cualidad insidiosa en estos juegos que te hace volver por más, buscando constantemente qué nuevos monstruos puedes descubrir o ajustando y avanzando tu lista de combate. El juego tiene esa deliciosa ventaja que Pokémon aún no ha perdido 25 años y 9 generaciones después.
Como es usual, se han introducido algunas mecánicas nuevas en esta generación, como la posibilidad de «terastalizar» a un Pokémon, lo que le da un crecimiento de cristal gourmand en su cabeza, lo fortalece e incluso puede cambiar su tipología elemental.
Se trata en gran medida de un gimmick que desvía la atención de otras mecánicas como el Gigantamaxing en Sword & Shield. No sé por qué Game Freak siente la necesidad de incluir estos pequeños añadidos en lugar de avanzar con los antiguos sistemas que pusieron en marcha, pero al menos no es una inclusión perjudicial para la visión general.

Me quedo con la siguiente idea, Pokémon Escarlata & Violeta no son un mal juego, pero sí es un juego frenado tanto por un hardware envejecido como por un desarrollador de juegos que no tiene los conocimientos técnicos necesarios para trasladar la mayor franquicia de juegos del mundo a la era moderna. Por otro lado, es difícil negar la fuerza de la gloria nostálgica que Pokémon puede sacar del consumidor, por no hablar de los cambios positivos que se hicieron aquí, permitiendo un viaje más inmersivo y social. El juego tiene todas las piezas necesarias, pero habría que perfeccionarlo más para pulir la experiencia y adecuarla a las expectativas. Me gustaría decir que tenemos la confianza de que Game Freak es capaz de hacer esas correcciones con actualizaciones posteriores al lanzamiento, aunque todos sabemos que, en cambio, estarán trabajando duro en la entrega del año que viene, y posiblemente ese sea el verdadero problema aquí.
Esta reseña fue escrita luego de jugar una copia digital de Pokémon Escarlata & Violeta para Nintendo Switch brindada por Nintendo.
